sábado, 15 de mayo de 2010

If we ever


I've been fragile for a long time
A big old hole inside my heart
And I was searching through the valley
Stumbled alone in the dark
Was afraid to try but afraid to never know
What it feels like to be loved
Had a hill to climb but the places wave "Good go."
Oh. Ive gotta know.

So when we never fell in love
Where the wind goes, would the pain go? oh
So when we never fell in love.
Oh, oh, oh

I was empty it was all gone
It hurt to sing but make no sound
Till I met you found out I was all wrong
You picked me up right off the ground
Was afraid to try and afraid will fall again
Crashing down from the sky... in love
Had a hill to climb but with you my heart will remain
Thats the one thing
We all want a goal

So when we never fell in love.
Where the wind goes, would the pain go? oh
So when we never fell in love.
Oh, oh, oh

I just want to know
I just want to know
Tell me tell me so baby I just want to know


So when we never fell in love
Where the wind goes, would the pain go? oh
So when we never fell in love.
Oh, oh, oh

So when we ever fell in love, oh
I want to know... what it feels like to be loved


Con esta canción anuncio que próximamente el blog hará un punto y coma.

viernes, 22 de enero de 2010

Sonríe, te están grabando...


Y vuelvo a faltar a mi palabra.

Y me vuelvo a vendar los ojos aunque llore.

Aunque lo haya intentado, imposible es comenzar a beber en el segundo sorbo.

Todo en esta vida se nos escapa. Todo evoluciona y aunque desees a veces retrasar las agujas del reloj, en cuanto las sueltas vuelven a corretear a su sitio.
Toda esta angustia que me proporciona el tiempo indefinido y determinado no hace más que golpear mi pequeño grano de cordura.

Odio que juegues conmigo. Pero lo necesito. Es almenos lo único que me queda para saber que sigo sintiendo.
No puedes hacer esto. Venderme algo que no existe. Pero hazlo.

Caducan mis días de cordura, causantes del bello delirio. Agradable a simple vista. Aterrador en mi interior.
Y esa será... la última voz audible que me prive de felicidad, la tuya.

Tus propias palabras te mantienen engañado. No me incluyas. Te seguiré, pero hasta cierto escalón.
Me caracterizo por no tener la codiciada templanza ni paciencia.
Y es una lástima lo que se va olvidando por el camino de la costumbre. Acciones que dificilmente servirán para retornar, a veces, incluso imposibles de recuperar.

Te odio a ti. A mi peor enemigo. Mi vívora. Tu que me quitas tanto y no me devuelves nada. Tu que juegas siempre sobre el mismo tablero.

A pesar de ello, llegará el día en el que consigas desquiciarme y vuelvas a ganar.
Ya me odio incluso por pensarlo. Lo temo. Te temo. Le quiero, pero a ti no.
Rehuyo de mezclaros, porque entones será todo y nada.

La vida sería imposible si todo se recordase, el secreto espera tras saber lo que debemos escoger para olvidar.

Cruce de caminos en el que mi cuerpo no te pertenece pero que ansío darte. Lo rechazas una y otra vez. El único consuelo... saber que lo lamentarás.
A saber en que tramo del recorrido perdiste el pellizco de aventura. Bajo que piedra la escondiste. Entre que matorrales. En que océano.

La esencia de lo especial, pierde cuando reina la costumbre.

Pero como esto va de ese sentimiento de imposibilidad tan menospreciado, trataré de hacerte ver que lo imposible es el espectro de los tímidos y el refugio de los cobardes.
Ten en cuenta que nunca perdí mis alas, únicamente las dejé bajo llave. Pero como dama del viento volaré hacia lugares en los que nadie pueda encontrarme. Bajo la luz platina danzaré huyendo de mis temores. Por cobardía a enfrentarme a ellos.

Entre un sabor violeta, un tenue olor a purpurina, violenta textura de canela... te conocí. Pero es eso lo que cambia. Porque a veces el misterio se pierde con el conocimiento. Y como de ignorar la imposibilidad se trataba, supe hacerlo.

Y como artistas, debemos aprender de lo que hay a nuestro alrededor y tratar de encontrar romántica a la más traicionera ambigüedad.

No te permito que abras el candado pero tampoco te lo impediré. Eres libre de vivir a tu antojo, pero no lo eres sobre mi aunque yo mire hacia otro lado.

Paredes que no dejan de ser muros rebestidos por rejas. Oxígeno que no deja de ser veneno. Amor que no deja vivir ni morir.

Ahora y quizás por tiempo limitado me alejaré de ti. Porque no llega un nivel, en el que se deja de apreciar.
No quiero seguir engañándome, porque todo aquello a lo que yo únicamente se a lo que me refiero, nunca volverá. Por eso brindaré respuestas idiotas a preguntas tontas.

Si con algo de mil cosas me quedé fue en dejar multitud de cosas bajo perfil de eso no tengo ni la mayor duda. Y de la menor no hablaré, ya sea por vagancia o por temer los errores que labro.

Porque a veces, volver por donde uno vino, implica seguir sus pasos.


Nunca me entendiste, prometo hacer lo mismo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

El silencio del druida...

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Presta atención a lo que se narra a continuación.
Historia irreal de deseos arrebatados y aunque vestidos de arrepentido sentimiento se dejaron escapar en contra de la propia voluntad.

¿Cómo describir una sensación que ni tu misma comprendes?

“ Lo fuiste todo para mi. Amaba ser una pequeña parte en tu vida. Tu lo eras todo. Cariño, siento no haberte dicho cuanto te quería todas las veces que un silencio nos abrumaba. Ahora ya es tarde. Me odio por ello. No quedan días en los que pueda asomarme a la tempestad y decorarla con un sol. Todo son nubes, gotas de rocío, frío, viento y hojas muertas.

Cielo, siento no haberte dado todo lo que pude haberte ofrecido esperando y guardando para ese futuro que se nos ha escapado de las manos. Anhelo esos ojos que me miraban y me deshacían.

Es una nueva etapa que me oprime, asfixia. Una que no quiero.
Quisiera y quisiera... todo en presente referido a un pasado desvanecido. Una historia que fue y ya no es.

Te abrazaba fuerte mientras dormías. Una parte de mi lo sabía... que todo tiene un final. Prematuro para mi suerte. Quisiera ocupar tu lugar y permanecer inerte.
Abatida sobre el suelo y dentro de mi pesado cuerpo mantengo el ritmo para no desfallecer aunque eso quisiera... pero ¿ves? Eternamente cobarde.

Me pedías sinceridad y yo únicamente amarraba las palabras a mis pies, pero cariño, ahora te sujetaría fuerte. Te suplicaría atención porque esta vez si... lo contaría todo. Y tan fuerte te abrazaría que no permitiría que marchases si no fuese de mi mano.

Ya no me queda nada aquí sin ti.

Te tuve, te amé, te di mi calor, sequé tus lágrimas, te protegí... pero no lo suficiente. No lo mínimo para tenerte hoy aquí conmigo.

Es extraño que las fotografías albergan más vitalidad que mis venas, esas que me fustigan al hacerme recordar que tuve esa felicidad que todo ser humano afligido con la vida desea. Envidio esa cara sonriente que luce con insuficiente orgullo. Esa persona que jugaba a pasar las páginas del calendario sin anotar nada, sin resaltar un día.

Aburrida de esperar nada. No quiero nada. De necios es desear algo imposible. Eso lo he aprendido días recientes en los que notas como tu alma queda quebrada por la ausencia de vida.

Procuré curar todas tus heridas... pero ¿quien curará ahora las mías? Esta habitación a ratos me va restando espacio y con ello me arrebata el oxígeno. Cuatro paredes que no miden más que medio cuerpo. No puedo moverme. Grito en silencio y nadie me escucha. Llorar cristales no está tan mal ahora que el umbral de dolor no conoce de límites.

Maldigo a ese tiempo que nunca volverá.

Creo que me he vuelto loca. Te noto. Siento tus caricias, tus abrazos, tus labios, pero no estás. Esto es demasiado real. Ayúdame y desaparece por completo o regresa. Intento correr y no puedo huir de la soledad. Tu en su día me lo diste todo y ahora no tengo nada. No puedo hallar un lugar que me permita reunirme contigo. Partiste dejando una gran ventaja que me prohibe seguirte sin riesgo a equivocarme. Todo te lo llevaste contigo, prestándome el recuerdo.

Pellizco mi piel pero no reacciona porque aquí sigo sin poder sonreír por nada.

¿Miedo?

Únicamente a olvidar tu olor, el sonido de tu voz, el tacto de tu piel, tu recuerdo.
Sigo cayendo en la espesura de la oscuridad, almenos ya no me duele el pecho.
Y tan solo se trataba de admirar tu voz, perseguir tu aroma, codiciar tu calor... y ahora me toca anhelarlo todo. Qué estúpido, ¿no? El hecho de anhelar aquello que permanecía a mi alcance y que no supe proteger.

Vuelve por favor.”

Abandono dicho letargo personal para abrir los ojos y descubrir que estás a mi lado. Mis lágrimas se secan contra tu camiseta mientras te abrazo. Al mismo tiempo pronunciando una promesa de constancia sin costumbre y de sincera protección.

... No quiero despertar un día y descubrir que no existes

domingo, 22 de noviembre de 2009

Pellizcos en la ropa y arrugas en los zapatos


Silencio.

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Llego tarde, para variar.

Justo a la mitad del primer acto. Siempre igual.

A nadie importó nunca mi ausencia.

Tiempo vivido, tiempo pasado.

Almenos cuento con el abanico tanteado.

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Como juglares y trovadores aquí me narro. Linda prosa.

Nadie entiende ni comprende.

Te encuentro en mi piel. Ese olor.

Quiso mi pecado volver a saber de ti. No me disculpo.

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Una pausa, una tregua.

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Historia de pétalos y espinas.

Tez agrietada por el afilado frío.

Alma cálida y guarecida por el amor.

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Esta bazofia será digna de gustar a los plebeyos, nosotros.

O fino agrado para refinados paladares.

No hablamos de manjar sino de consomé.

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Una robusta voz anuncia mi entrada en escena. No estoy preparada.

De hecho, a decir verdad, nunca lo estuve.

Siempre jugué a lanzar con la onda a los pájaros más lejanos.

Sensación de perder y quedarse inmóvil.

Que las personas no te comprendan, no es frustrante.

Piénsalo de nuevo... te hace único.

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Decido y actúo.

Permíteme prohibirte amarme. Nunca lo consigo.

Te guardo tan presente que cuando te tengo, pierdo.

Luego, recapacito.

Así me va.

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Comienza el segundo acto.

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Te diré algo.

Amo aquello que lleva una pizca tuya.

Más aún cuando te pertenece.

Que nadie pueda herirte,

a ojos de buen tintero.

Mi piel viste con tu perfume.

Vida privada ausente de obligación.

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Sensación de imposibilidad.

Como ráfagas de aire que me destrozan por dentro.

A sacudidas me zarandean de un lado a otro.

Quiero librarme de ello y gritarte lo que siento.

Pero como dije antes...

Sentimiento de imposibilidad.

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Si el propósito no es puro, muchas palabras se pierden en la ciénaga del limbo.

Y como ya habrás comprobado, aquí eso no ocurre.

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Un código secreto que juega con primeras partes.

Por esta vez, simple.

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Así pues, déjame narrarte, que normalmente tras pausas se encuentra lo más importante.

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Fin de la obra.

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Aplaudan.


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martes, 10 de noviembre de 2009

A mi manera...

El final ya está cerca
Y enfrento el último telón
Amigo, lo diré sin vueltas
Hablaré de mi caso del cual sé mucho
Tuve una vida satisfactoria
Recorrí todos y cada uno de los caminos

Y más, mucho más aún,

Lo hice todo a mi manera...

Tristezas, algunas tuve
Que no vale la pena comentar
Hice lo que debía
Me aseguré que fuera sin privilegios,
Planeé cada etapa programada,
Cada cuidadoso paso dado en mi camino
Y más, mucho más aún,
Lo hice todo a mi manera...

Así es, hubo momentos,
Estoy seguro que lo sabes,
En que di pasos
Más largos que mis piernas
Pero al final,
Ante la duda
Tragué mis palabras, también las dije
Afronté los hechos y me mantuve intacto
Y lo hice todo a mi manera...

Amé, reí y sufrí
Me tocó ganar, también perder
Y ahora, cuando las lágrimas ceden,
Me resulta tan entretenido
Pensar que lo hice todo
Déjenme decirlo, sin timidez,
"Oh no, Oh no fue mi caso,
Yo lo hice todo a mi manera".

Pues qué es un hombre, ¿qué ha logrado?
Si no es fiel a sí mismo, no tiene nada.
Decir las cosas que siente realmente
Y no las palabras de quien se arrodilla
Mi historia muestra que asumí los golpes
Y lo hice todo a mi manera...

Sí... fue a mi manera...

domingo, 1 de noviembre de 2009

La mariposa que un día fue prostituta

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Hoy he abierto los ojos y, ¿sabes que me ha llamado la atención? Nada.Y si, has acertado, hoy no tengo un día especial. Hoy es uno de esos en los que te sientes mal y no encuentras el origen de tal desdicha, porque probablemente ni la hay.
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Hoy es un día de esos en los que deseas ausentarte sin dejar rastro alguno, esconderte en un sitio que nadie pueda encontrarte y en el que plácidamente mueras por unos minutos o tal vez horas. Y sí, ahí es, debajo del edredón.Ahí llega la inspiración, justo cuando ese sentimiento empieza a embaucar a tu plácida alma y tus ojos se inundan por amargas lágrimas que recuerdan que hay mucho por lo que llorar. Demasiado que en su momento callé e inocentemente ignoré, cúmulo que me hubiese gustado vociferar.
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Ahora siento todo lo que he hecho como si dagas jugasen a acariciar esta impasible piel ya escamada por el tiempo y sus batallas. Castigando a su vez todas las palabras estúpidas que en su día pronuncié.Y, ¿qué veo reflejado en este cristal herido? Una niña embustera arropada por trapos de gala, despeinada y el rostro magullado.
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¿Cómo hablar sin hablar pero sin dejar de hablar? No se si me entiendes pero aquí me encuentro sin hallar forma para desembrollarlo todo y a su vez nada. Pues mira, puede que esta sea la forma. Explicándote mil cosas disfrazadas en vocablos a medida y a la vez, holgados para tus oídos prematuros.Aquí, privada de luz y rodeada de escaso oxígeno pero más que suficiente para seguir sufriendo sin desfallecer, recuerdo momentos prohibidos llenos de magia que huyen de la realidad a tu compás, agarrados de la mano. Esos en los que tus labios rehúyen pronunciar cualquier palabra que destruya esa armonía de papel vegetal. Tan transparente y a la vez oculto que no permite lidiar la congoja que crea a la verdad al cargar con la mentira sobre sus hombros.
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Y podemos pasarnos la vida parloteando sobre el mal sufrido, pero recapacita por un momento y recuerda todo el que tu has afligido. Y ten el valor de equilibrarlo en una balanza. Puede que haya días que este objeto de medida haya sufrido pequeños e “inocentes” manipulaciones para ocultar una mentira que en tu interior te hiere como el frío fuego. Y días tardíos en los que tras haberte vestido con tu propia mentira y considerada plácida, has decidido despojarte. A la vez que te dispones a observar por la mirilla de la vida de la que huiste únicamente para saciar tu mera curiosidad y a la que juegas a acariciar con los ojos vendados. Si algún tímido y diminuto fragmento te queda como queso al ratón, bienvenido al calabozo en el que se concentran aquellas personas que alguna vez se sintieron traicionadas por uno mismo.
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Estás autorizado a perder la cabeza por alguien, a dejar de respirar para no desvelar sus sueños, a dañar tu cuerpo por el suyo, a encadenarte frente a la puerta abierta, a perderte... pero cuando tus oídos nunca escucharon de sus labios un “te quiero”, la cosa empieza a cambiar.
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También he de decirte que nada me ha dañado más que su presencia en tu ausencia; palabras que hieren en lo más profundo, ausencia de sinceros besos, compareciendo abrazos vacíos. Y parece ser que muy ciegos deben estar tus ojos para no ver aquello que me haría la mujer menos desdichada.
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Permíteme pues, decirte una última cosa:
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No es grave dejar de oír y mirar pero sí dejar de escuchar y ver.
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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Réquiem por un escorpión...



Hoy comenzaremos por la primera página, sin tregua alguna. Para satisfacer a la absurda comprensión privada del más falso misticismo.

Albergada en alcoba bajo llave y tras veinticinco candados se hallaba una persona correspondida a amar. Tales fueron sus lapsos de tiempo que aprendió a perfeccionar su silencio. Para aquello no reside lugar alguno en el que se pueda avanzar a la pata coja. Es tan sencillo como toparse con una pizca de afín historia.
Su única deuda para consigo es converger aquel procedimiento que le lleve a venerar a su persona. Rudo camino por el que se decidieron a peregrinar unidos sin desglosar los pasos para atajar y toparse en rivalidad al lobo. Un licántropo fácil de hallar y presto a desbaratar todo aquello cuanto le provoque desazón.

Sin embargo el mundo ajeno a lo nuestro huía a su velocidad descuidando aquello esencial que resulta imposible de ver empleado novatos y superficiales ojos. Aquellos que no divisan los exiguos sueños que se resistían al olvido en nuestros dispares y recónditos corazones.

Y tras escasa pero más que suficiente maestría he discernido que en la vida, las cosas acontecen por una causa más que justificada, otras no tanto. Por ello ahora entiendo por qué mi alma no armó de valor a mi persona para consumar en primera instancia aquello que afligía y asfixiaba... sencillamente, no era el momento.

Puedo arraigar entre ásperos cojines de seda una sensación que creías haber perdido o sencillamente con la que no habías dado. No es algo que suponga ningún tipo de sacrificio, tomémoslo más bien como elemento inherente de mi estilo.

Y para atisbar aún más allá, debemos tener presente que el futuro está por desnudar pero me he codeado con algunos eruditos y me han confesado que seremos como el vino, que mejora con los años.

Por aquí, pues, acabaremos y abriremos debate, en la última página cavilando sobre ¿qué es el amor sino el más extraño de los sentimientos?
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